Luna en Escorpio/ Dieta Lunar

Luna en Escorpio

Siento que la relación más estable que tengo en mi vida hoy, es con este blog, o más bien con la escritura, porque con lo demás la cuelgo. Y la realidad es que no es tan difícil, es como el acb del sabotaje en todos los sentidos de la vida. Te negas aquello que te hace bien y terminas sola y triste comiendo helado viendo netflix. Y cuando finalmente llegas a eso decís; '¡Puta! Soy re feliz en este momento', consumiendo una temporada entera de Girls en un día, un Mc Donalds y un milka con castañas de caramelo. Y en verdad todo esta bien. Hasta que terminas la temporada, no, terminas la serie entera, te das cuenta, tirada en tu cama hecha un bollito mirado la ventana y la vida de les demás a través de tus cortinas blancas, que no sabes qué carajo queres hacer con tu vida. Y encima en tu afán de olvidarte de todo por un rato proyectándote en Hannah, caes en la cuenta de que te estás quedando pobre gastando tu mísero sueldo en trabajadoras explotadas de Rappi y chocolates de un kiosco al que, francamente, ya te da vergüenza ir.
Peeero bueno, acá estamos, la vida sigue, compañera.
Aunque la gente se coma las consecuencias de nuestros procesos emocionales mal curados. Por ejemplo, hace un tiempo empecé a referirme a mi vida amorosa como 'El Lejano Oeste', donde nada hay, no hay vida que pueda crecer, las raíces de las cosas que quieren comenzar quedar sumergidas en la arena, ahogadas por el sol y la decepción. El fracaso sepulta los intentos y más a menudo los frena para ahorrárselos. Cuando te baja la autoestima miras una peli de amor, se casan, lloras, recalcas tu odio a las instituciones pero en secreto lo que realmente aborreces es que te hayan enseñado a aspirarlas, porque ahora no sabes cómo enseñarte a no querer sentirse Rachel McAdams en The Notebook... pero sin el cáncer y la muerte. Maldito Disney y Nicholas Sparks nos han cagado la mente. Y las expectativas.
Matt es un ejemplo de un daño colateral del quilombo emocional, evidentemente, hay veces en la vida donde sos incapaz de entablar una relación amorosa con una persona aún sintiéndote miserablemente solo todo el tiempo. Lo conocí por Tinder, aplicación la que se vuelve a bajar al tornarse rojo el sensor de la autoestima, alertando que está ahora, tocado el piso. Validación exterior, here we go. Al fin y al cabo (y de esto probablemente escriba en otra entrada), a eso nos obliga instalar a la mujer como símbolo de belleza, a que el afuera -o en su defecto, Tinder- te diga 'uy qué linda que estás' y recién ahí, te lo creas. Empecé a hablar con Matt por dos razones que denotó su primer mensaje; fumaba porro y era gracioso. Sí, la única razón -que 'realmente' cuenta- por la cual le doy bola es que es un chabon gracioso; habla mal castellano, es yanki y me dijo casualmente que le habían regalado una bolsa entera de 'fresh doobies'. Allright bro, I'm hooked.
Varias veces hago referencia a Girls en este blog de problemas reales e inventados, mi punto de vista se basa en experiencias sensoriales y/o mentales, cualquier coincidencia con la realidad es mera espontaneidad. Pero en verdad creo que aquella serie realmente me marcó, me pudo mostrar la crudeza de la realidad en la vida de una piba imperfecta, problemática y valiente. Sentí como si por vez primera, podía mirar sin tapujos la inestabilidad de otra persona que no era yo, los errores y los berrinches. Estoy segura de que Hannah es de Aries o de Leo quizá con un algo en Escorpio. ¿Qué piensan ustedes? Si no vieron Girls véanla, es, de verdad, la mejor serie del yuto mundo.
Una de las cosas que más me llevo de la serie es que ella decía que leer la hacía sentir menos sola. Leyendo encontraba esa compañía y escribiendo así se sentía menos sola. Yo creo que a través de ella pude amigarme con mi conflictividad, pero a tal punto, la normalicé. Creo que en ese entonces, necesitaba hacerlo. Mi psicóloga me dice siempre; 'es lo mejor que podías hacer en aquel momento'. Aún así, creo que me acostumbré a pasarla como el orto, me olvidé de que se podía estar mejor, hasta que otra persona me lo soltó en la cara. La odié, claro, a la persona que de sopetón me escupió la verdad, pero en el fondo, y a la luz de la reflexividad de esta Luna, siento que es necesario ponerme a dieta. A dieta de mis problemas. De mis viejas maneras. Quizá me acostumbré sin querer a reaccionar, a explotar, a dejar de cuestionar cómo me siento o por qué actúo como actúo, me resigné a mi sentir como una paloma que come las migas que le dan las personas en la plaza y pierde de a poco su independencia. Está bien estar triste, acostumbrarse a la tristeza es lo que probablemente no esté tan bien. Tampoco estoy invocando un sentimiento de constante melancolía, no, sino una leve pero profunda sensación de inconformidad. De soledad. De sentirse una sola cabeza entre demasiadas letras y demasiadas cosas que suceden todo el tiempo. Puede pasar que en la compañía de amigues nos olvidemos de nuestros perros negros, al menos por un rato.
Aunque todavía queda pendiente, sumergirse en la pena y embarrarse bien, para patear el suelo y salir a la superficie.
Y no te conformes con un chabon como Matt, tampoco te comas la de Rachen Mc Adams y Ryan Goslick, nunca vas a encontrar afuera un amor tan grande como el que solo vos te podes dar a vos misma.
A ponerse a dieta, compañera, a dieta de la sinfonía mental y del abc del sabotaje emocional.


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