Luna en Leo/ Llego tarde
Luna en Leo
Llego tarde. Pierdo el tiempo. No porque lo pierda, sino porque se me esconden los relojes, se retrasan los sentimientos, se desata el dolor. El amor es como un camino; al principio sube y sube, como una montaña rusa que parece que esta llegando al cielo pero lo disfrutas tanto que no tenés ni idea, que en algún momento va a bajar. O ni siquiera, y el empinado se convierte en una meseta. Una meseta de amor. Una llanura donde ahora las miradas ya no se cruzan tanto, las sillitas que los transportan llegan a destiempo. Vivo sintiendo que la mía llega tarde, se quedó atrás. Sigue mirando para arriba obnubilada aún cuando el camino atraviesa una gran llanura de desasosiego. Las cosas pasan, nos nublamos como manchas negras en el cielo. Mi brazo se extiende y sale de la superficie, estamos como en dos cubículos separados, nadamos en un mar que no nos lleva a ningún lugar. Solo reina la tranquila planicie que no entiende mi intensidad. Todo me recuerda a las calesitas, a los carruseles o ahí! ahí esta, a la rueda de la fortuna. Con todas las metáforas que podría desprender, solo me interesan sus sillitas. Las sillitas empiezan de a dos, pero las nuestras se separaron. Se hicieron dos y se extendieron a los costados y no sé como manejar esta estabilidad. El agua ruge por todos los rincones, tengo dos gatos mojados en los hombros. No paran de arañarme los brazos, entumecen toda la fluidez de las ruedas. Ya no queda nada. Peor, no sé nada, no sé qué es lo que hay. La oscuridad alimenta esta poesía. Mi brazo toca la nada misma, pero se queda ahí, y por eso no puede avanzar. Sigue queriendo alcanzar, lo que ya se fue.
Llego tarde. Pierdo el tiempo. No porque lo pierda, sino porque se me esconden los relojes, se retrasan los sentimientos, se desata el dolor. El amor es como un camino; al principio sube y sube, como una montaña rusa que parece que esta llegando al cielo pero lo disfrutas tanto que no tenés ni idea, que en algún momento va a bajar. O ni siquiera, y el empinado se convierte en una meseta. Una meseta de amor. Una llanura donde ahora las miradas ya no se cruzan tanto, las sillitas que los transportan llegan a destiempo. Vivo sintiendo que la mía llega tarde, se quedó atrás. Sigue mirando para arriba obnubilada aún cuando el camino atraviesa una gran llanura de desasosiego. Las cosas pasan, nos nublamos como manchas negras en el cielo. Mi brazo se extiende y sale de la superficie, estamos como en dos cubículos separados, nadamos en un mar que no nos lleva a ningún lugar. Solo reina la tranquila planicie que no entiende mi intensidad. Todo me recuerda a las calesitas, a los carruseles o ahí! ahí esta, a la rueda de la fortuna. Con todas las metáforas que podría desprender, solo me interesan sus sillitas. Las sillitas empiezan de a dos, pero las nuestras se separaron. Se hicieron dos y se extendieron a los costados y no sé como manejar esta estabilidad. El agua ruge por todos los rincones, tengo dos gatos mojados en los hombros. No paran de arañarme los brazos, entumecen toda la fluidez de las ruedas. Ya no queda nada. Peor, no sé nada, no sé qué es lo que hay. La oscuridad alimenta esta poesía. Mi brazo toca la nada misma, pero se queda ahí, y por eso no puede avanzar. Sigue queriendo alcanzar, lo que ya se fue.
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